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Formación        Siembra         San Juan 1999


Regla del Aspirante

1. Tu gran compromiso 8.   Tu gran ideal
2. Tus virtudes 9.   Tu saludo
3. Tus grandes amores 10. Tu lema
4. Tus modelos 11. Tu distintivo de honor
5. Lo que te acerca a Dios 12. Tus Patronos
6. Lo que te aparta de Dios 13. Tus deberes
7. Tu signo de reconocimiento 14. Tu promesa

1. Tu gran compromiso

    Vivir de Jesús: Jesús nos dice en el Evangelio de San Juan: "El que permanece en mí como yo en él, ése da mucho fruto, porque separados de mí, no podéis hacer nada" (San Juan 15,5). Sólo si vivimos unidos fuertemente a Jesús seremos capaces de vivir la Regla de Aspirantes.
    La Eucaristía: Jesús quiso quedarse entre nosotros en este Sacramento de Amor. Por eso, recibiéndolo con frecuencia, Él alimentará nuestra vida y nos dará fuerzas para vivir como amigos suyos. Recordemos tambíén que Él está siempre presente en el Sagrario y por lo tanto debemos visitarlo y hablarle de nuestras cosas.
    La Palabra de Dios: En la Sagrada Escritura es Dios mismo quien nos habla y nos "alimenta" con su palabra. Entonces, para cumplir el Gran Compromiso, tenemos que leer, meditar y vivir la Palabra de Dios.



2.  Tus virtudes

   Ser primero en el esfuerzo por amor a Cristo Rey: Jesús no nos quiere mediocres. Él nos pide que lo demos todo. No sabemos si seremos los mejores, pero sí que tenemos que entregarnos de todo corazón. Jesús, nuestro amigo, mira nuestro interior y allí tiene que ver el esfuerzo que realizamos para cumplir con nuestras obligaciones y vivir en su amistad. Es por eso que en su casa, con nuestros amigos, en el colegio, o en cualquier lugar, tenemos que manifestar nuestro amor a Jesús.
    Ser servicial: Jesús nos dice: "No he venido para ser servido, sino para servir" (San Mateo 20,28). Tomando su ejemplo, debemos acudir presurosos ante las necesidades de nuestros padres, hermanos, amigos o personas cercanas, sirviéndolos siempre con humildad y alegría.
    Ser apóstol: Jesús nos dice: "Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes" (San Juan 20,21). Jesucristo entregó a la Iglesia la misión de evangelizar, es decir anunciar el Evangelio a todos los hombres, para que todos puedan conocerlo, amarlo y seguirlo. La Acción Católica tiene como fin el mismo que tiene la Iglesia.
    Este anuncio de Jesús lo debemos realizar de dos modos. Por una parte, tenemos que dar testimonio de Él con nuestra conducta, de manera que quien nos vea, lo reconozca; y por otra, anunciar con la palabra el Evangelio del Señor.
    Ser generoso: Dios nos ha dado gratuitamente la vida, la capacidad de pensar y amar, el sustento del cuerpo y el alma, todas las personas que tratamos diariamente y las cosas que utilizamos. Debemos estar profundamente agradecidos por el amor que Dios nos manifiesta en todos estos dones. Si todo cuanto somos y tenemos lo hemos recibido como un regalo divino, debemos ser generosos al compartir nuestros bienes con los hombres y al poner nuestros dones  a su servicio. Tengamos en cuenta que no importa la cantidad de cosas que podamos dar a nuestro prójimo, sino la generosidad con que lo hagamos.
    Ser buen hijo: Nuestros padres son quienes nos dieron la vida y nos ayudan a crecer física, intelectual y espiritualmente, por lo tanto, debemos cumplir con alegría y generosidad el mandamiento que dice: "Honrarás a tu padre y a tu madre". En nuestras familias, pequeñas "iglesias domésticas" tenemos que esforzarnos para ser imágenes del Niño Jesús junto a María y a José.
    Ser obediente: Jesús nos enseña: "No he venido a hacer mi voluntad, sino la de aquél que me envió" (San Juan 6,38). Él mismo "fue obediente hasta la muerte y muerte de cruz" (Filipenses 2,8). También nosotros debemos obedecer a Dios que nos habla a través de la Biblia, de los Pastores (el Papa, los Obispos y los Sacerdotes), de nuestros padres, maestros y delegados, pues ellos nos educan y nos enseñan el camino hacia el cielo.
    Ser buen amigo: Jesús nos dice: "Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su Señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre" (San Juan 15,15). Jesús es nuestro gran amigo. Así como Jesús nos recibe, ama y se entrega por nosotros, mostrándonos el camino hacia el Padre; también nosotros tenemos que aprender a ser buenos amigos, en las buenas y en las malas, compartiendo y ayudando siempre.
    Ser leal: En toda nuestra vida Jesús está siempre con nosotros, por eso no debemos comportarnos como cristianos sólo en la parroquia, sino que en casa, en el barrio, o en cualquier lugar, nuestra conducta tiene que manifestar que somos seguidores de Cristo. Ser cristiano no significa ponernos un "disfraz" cuando vamos a Misa o a la reunión, para sacárnoslo luego. Eso no es lealtad, sería falsedad. Si queremos ser leales a Cristo, debemos vivir plenamente la Vida Nueva que nos dio en el Bautismo, dando testimonio de Él en todo momento para que los hombres lo reconozcan en nuestro ejemplo.
    Amar la naturaleza: Todas las cosas que existen salieron de las manos de Dios y son signos de su infinito poder y su gran amor por los hombres. Dios entregó al hombre todo lo creado, para que éste lo utilice en su beneficio y domine a la tierra como una rey. Debemos cuidar con mucho cariño la naturaleza, pues ella, siendo huella del amor de Dios, a Él nos conduce.
    Ser alegre: Somos Hijos de Dios y sabemos que Jesús nos salvó y nos guía permanentemente en nuestro camino. Por eso debemos decir, con la Virgen María "Mi alma canta la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador" (San Lucas 1,46). Si estamos unidos a Dios nunca estaremos tristes, aún en medio del dolor, porque sabemos que Él, nuestro Padre, nos cuida y nos protege.  
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       

                                              
3. Tus grandes amores

   Jesús: Él es nuestro Amigo, nuestro Hermano, nuestro Señor y nuestro Rey. Es Dios mismo que se hizo hombre para darnos una nueva vida, la de Hijos de Dios. Es quien nos guía con su palabra, nos sana con su perdón y nos alimenta con su Cuerpo y Sangre de Vida. Sólo seremos buenos cristianos so aprendemos a conocerlo con entusiasmo y amarlo con amor sincero, para poder servirlo durante toda la vida. De esta manera podremos decir con San Pablo: "Ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí" (Gálatas 2,20).
    La Virgen María: Ella es la Madre de Jesús y también es nuestra Madre. La Santísima Virgen María siempre fue, por propia voluntad, la "Esclava del Señor". Cuando el Ángel Gabriel le anunció que sería Madre de Jesús, ella aceptó con humildad y sencillez de corazón, gracias a la fuerza de su fe. Al enterarse de que su prima Isabel la necesitaba, corrió a su encuentro para entregarse a cuidarla y a transmitirle el gozo de la salvación hecha carne en su seno. En las Bodas de Caná, mientras todos se divertían, ella estaba pendiente de los jóvenes esposos que se quedaron sin vino para los invitados. Bajo la Cruz, soportó dolorida y resignada la inmolación de su Hijo y recibió de sus labios, en su corazón, la maternidad sobre todos nosotros. Nosotros debemos recurrir continuamente a Nuestra Madre del Cielo, imitar sus virtudes, dejar que ella nos guíe e invocar su intercesión. Así, María, Estrella de la Evangelización,  nos enseñará a vivir como eficaces mensajeros de la Palabra de Dios.
    La Iglesia: San Agustín decía que la Iglesia es "Signo y presencia de Cristo en la tierra". Es en ella donde recibimos, por la acción del Espíritu Santo, la salvación que trajo Jesús. No podemos amar a Cristo sin amar a la Iglesia, pues ella es su "Cuerpo Místico", que atesora y distribuye a los hombres los frutos de la redención. Cristo quiso que la Iglesia Peregrina estuviese formada por el Papa, los Obispos, los Sacerdotes y los Fieles, como distintos miembros de un sólo cuerpo. Ella está guiada, aquí en la tierra, por los Pastores (el Papa, los Obispos y los Sacerdotes) que, llamados por Cristo e iluminados por el Espíritu Santo, nos conducen al Cielo.
    La Familia: Dios nos entregó la vida por medio de nuestros padres, quienes nos aman, protegen y educan; y nos pide que correspondamos a ese amor con generosidad, amándolos, obedeciéndolos y honrándolos en todo momento. Debemos amar a nuestras familias como Jesús amo a la suya, allá en Nazareth, para que pueda ser una "Iglesia Doméstica".
    La Patria: Si bien sabemos que para el cristiano la definitiva patria es la celestial, el Señor nos ha hecho nacer en un determinado lugar, la tierra de nuestros padres, a la que debemos amar y respetar. El amor a la patria es un sentimiento precioso que se manifiesta diariamente en el estudio, en el trabajo y en el respeto a nuestras tradiciones cristianas. El católico que ama a su patria y se esfuerza por su bienestar, vive ante los ojos de los hombres como un signo de la paz y el amor del Reino de Cristo.

                                                                                                                                                                                                                            


4. Tus modelos

    Jesús y la Virgen María: Nuestro principal modelo no puede ser otro que Jesús. Él es la imagen de Dios Padre hecha hombre, y nos pide que seamos como Él: "Manso y humilde de corazón" (San Mateo 11,29). También la Virgen María es modelo perfecto de fe inconmovible, esperanza a toda prueba y caridad sin límites. Ella, con su íntima participación en el misterio redentor de Cristo, nos muestra el verdadero camino que conduce a Dios.
                                                                                                                                                                                                                    


5. Lo que te acerca a Dios

   Tu ángel custodio: Todos tenemos un ángel guardián, a quien Dios le asignó la misión de acompañarnos permanentemente y protegernos en los momentos de peligro. Él habla a nuestra conciencia indicándole cuál es el camino querido por Dios, y advirtiéndole cuando obra bien  y cuando mal. Debemos ser buenos amigos de nuestro Ángel Custodio, escuchando sus consejos y pidiéndole su protección por medio de la oración.
    Los Santos: Ellos fueron hombres como nosotros, que en su vida cumplieron la voluntad de Dios, vivieron como amigos de Jesús y ahora moran en la Iglesia Triunfante, es decir junto a Dios. Son nuestros modelos, nuestros amigos e interceden por nosotros. Por eso es importante que nos unamos a ellos en la Oración, pidiéndoles su intercesión, y que nos esforcemos en reconocer sus vidas para imitar sus virtudes.
    El Papa, los Obispos y los Sacerdotes: A ellos Jesús les confió la misión de guiar al Pueblo de Dios. No fueron ellos quienes se eligieron, sino que fue el mismo Jesús quien dispuso que enseñaran, santificaran y guiaran a la Iglesia, bajo la acción del Espíritu Santo, hacia el Reino Celestial. Todos los cristianos, y especialmente los miembros de la Acción Católica, debemos conocer y practicar lo que Dios nos enseña a través de nuestros Pastores, y ayudarlos con nuestro servicio, obediencia y oración. Es muy importante que tengamos un Director Espiritual, es decir, un Sacerdote con el que hablemos frecuentemente de nuestra vida interior, para que nos ayude a caminar por esta tierra siguiendo la senda que Jesús dejó.
    Tus padres: Ellos nos hicieron nacer a la vida natural y porque nos aman y aman a Dios, nos bañaron en las aguas del Bautismo para que fuéramos cristianos. Nuestros padres velan siempre por nosotros, material y espiritualmente, aun a costa de sacrificios y privaciones. A imagen de Jesús niño, que según nos dice el Evangelio "Vivía sujeto a sus padres" (San Lucas 2,51), también nosotros debemos amarlos, obedecerlos y ayudarlos.
    Tus amigos que aman a Jesús: Jesús, nuestro gran amigo, nos mandó amar a todos los hombres, y el Papa Pablo VI, recordando la enseñanza del Señor decía: "Todo hombre es mi hermano". Un buen cristiano siempre debe amar y ayudar a su prójimo. Pero entre todos nuestros compañeros, siempre habrá alguno que, como nosotros, ame a Jesús. Debemos unirnos estrechamente a ellos, pues las amistades santas nos alientan en la lucha y nos fortalecen en la debilidad. Un buen amigo siempre nos acerca a Dios.

                                                                                                                                                                                                                       


6. Lo que te aparta de Dios

    El demonio: El demonio es un ángel que se rebeló por soberbia al poder de Dios. Él es el auto de todo pecado, y nos incita continuamente al mal para que no sigamos a Jesús. Siempre tenemos que apartarnos rápida y firmemente de sus asechanzas. ¿Cómo podemos hacerlo?: uniéndonos cada día más a Jesús y a María, por medio de la Oración y los Sacramentos.
    El pecado: El pecado es obra del demonio y el principal enemigo de nuestra salvación, por lo tanto, debemos desecharlo totalmente de nuestras vidas. Tenemos que ser fuertes para rechazar las tentaciones del mundo, del demonio y de la carne, y recurrir asiduamente a la Oración para pedir a Dios que nos ayude. Si alguna vez llegáramos a caer en algún pecado, no dudemos en acudir inmediatamente al Sacramento de la Reconciliación con un Sacerdote, para ser perdonados por el Señor.
    El egoísmo: Cuando nos amamos demasiado a nosotros mismos, cuando nos encerramos sin abrirnos a las necesidades del prójimo, o cuando nos creemos autosuficientes para todo, caemos con mucha facilidad en muchos pecados. El egoísmo hace que rechacemos la ayuda de Dios, y bien sabemos que sin Jesús nada podemos hacer.
    No anunciar a Jesús por temor a las burlas: Jesús no dice:"Si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras, el Hijo del Hombre se avergonzará de él cuando venga en su gloria.." (San Lucas 9,25). Muchas veces ocurre que por temor a las burlas o a que se rían de nosotros callamos nuestra condición de cristianos. Eso es como negar que somos verdaderos hijos de Dios y amigos de Jesús. Nuestra misión consiste en anunciar a Jesucristo a todos los hombres, sin importarnos los juicios y calumnias con que nos ataquen. Para ser verdaderos apóstoles debemos vivir intensamente de Jesús, de modo que nuestro obrar sea el reflejo del amor que Dios nos tiene. También debemos anunciarlo con la palabra, hablando de Él y haciéndolo conocer. Nunca nos avergoncemos de Aquél que dio la vida por nosotros.
    Todo lo que nos aparte de Dios: En la vida vamos a encontrarnos con muchas cosas malas que surgirán como tentaciones y nos incitarán a pecar, y también con otras, que aunque sean buenas, al usarlas mal, nos apartan de Dios. Sean unas u otras las que nos presenten, lo realmente importante es alejarnos de todo lo que pueda ser una tentación que nos separe de Jesús.

                                                                                                                                                                                                                 


7. Tu signo de reconocimiento

   La caridad con tus compañeros: El mismo Jesús nos dice: "En esto  conocerán todos que sois mis discípulos; si os tenéis amor los unos a los otros" (San Juan 13,35). Debemos mostrar al mundo que somos hijos de Dios amándonos sinceramente. Los paganos solían decir de los primeros cristianos: "Mirad como se aman". ¡ Cómo se alegraría Jesús si los hombres de hoy dijeran lo mismo de nosotros !
                                                                                                                                                                                                                        


8. Tu gran ideal

   Ser santo: El Concilio Vaticano II, en la Constitución Dogmática sobre la Iglesia (Nº39) nos dice: "Por eso todos en la Iglesia, ya pertenezcan a la Jerarquía, ya pertenezcan a la grey, son llamados a la santidad, según aquello del Apóstol". "Porque ésta es la voluntad de Dios: vuestra santificación" (Primera carta a los Tesalonicenses 4,3). En el día de nuestro Bautismo, Dios nos hizo hijos suyos y nos llamó a vivir muy unidos a Él, para que seamos santos.
                                                                                                                                                                                                                        


9. Tu saludo

   ¡ Alabado sea Jesucristo !
 ¡ Por siempre sea alabado !

   Nuestro saludo así como debe serlo toda nuestra vida, es una sincera y hermosa oración de alabanza a Cristo. En ella expresamos el deseo de que el Señor sea alabado siempre y en todo lugar.
                                                                                                                                                                                                                        


10. Tu lema

   Oración, Sacrificio, Estudio y Acción: Éste es el lema de la Acción Católica, por lo tanto, también el nuestro. Debemos aprender a ser aspirantes orantes, pues la oración eleva almas hasta la presencia de Dios y su misterio de amor. Debemos orar al levantarnos y acostarnos, antes de tomar el alimento que nos sustenta, cuando vamos a estudiar o trabajar, cuando visitamos al Santísimo o leemos la Biblia, cuando recibimos la Reconciliación o la Eucaristía, cuando comenzamos una campaña apostólica y en toda ocasión. Nuestra oración debe ser una actitud continua de ferviente alabanza, alegre acción de gracias, sencilla petición y sincero arrepentimiento. Recordemos que también la Iglesia nos pide que saludemos a la Santísima Virgen con el "Ángelus" y contemplemos los misterios de su vida en el "Santo Rosario". Debemos ser aspirantes que sepamos sacrificarnos por el Gran Ideal. El sacrificio hecho por amor a un fin noble, fortifica nuestra voluntad y nos hace cada vez más capaces para realizar actos de amor a Dios. Quienes aspiramos a integrar las Áreas de Jóvenes y Adultos de la Acción Católica, tenemos que considerar al estudio como una obligación muy importante. Por medio del estudio profundizaremos cada vez más nuestro conocimiento del mundo, del Hombre y de Dios. Este aprendizaje nos conducirá a un mayor dominio de las cosas, una mejor comprensión de nuestros hermanos y un amor más puro e intenso a nuestro Dios. La oración, el sacrificio y el estudio son condiciones necesarias para poder desarrollar una acción eficaz. La acción de un miembro de la Acción Católica es doble. Una es personal y la realizamos en nuestros colegios, familias y grupos de amigos, por medio del ejemplo y la palabra. La otra asociada. La labor organizada de los grupos de la Acción Católica, permite que el apostolado sea más amplio y efectivo.
                                                                                                                                                                                                                        


11. Tu distintivo de honor

    La obediencia filial al Papa, al Obispo y al Párroco: El Papa y los Obispos componen la Jerarquía de la Iglesia. A ellos les encomendó Cristo la misión de guía, santificar y enseñar al pueblo de Dios. Los Párrocos, al ayudar a los Obispos en su tarea apostólica, también forman parte, por delegación de la Jerarquía. Nuestra Institución es la que más cerca está de la Jerarquía. Sus preocupaciones nos preocupan, sus ideales nos impulsan y su misión nos compromete. La obediencia filial significa que debemos estar siempre dispuestos a cumplir rápidamente, con eficacia y alegría, lo que se nos pida. El distintivo de honor de la Acción Católica nos da la seguridad de amar, pensar y sentir como ama, piensa y siente la misma Iglesia.
                                                                                                                                                                                                                        


12. Tus patronos

   Santa Inés: Vivió en Roma alrededor del año 300. Pertenecía a una noble familia, recibió después del bautismo, una educación sólida y piadosa y se consagró a Jesucristo con voto de virginidad. En una oportunidad, volviendo la niña de la escuela, el hijo del Prefecto de Roma la vio y se enamoró de ella, ofreciéndole magníficos regalos a cambio de su promesa matrimonial. Como Santa Inés lo rechazó, éste acudió a su padre, el Prefecto de Roma, quien al averiguar que Inés era cristiana, la mandó a apresar y la sometió a tormentos para que abjurase de su Fe. Inés se mantuvo firme y finalmente murió. Su día se celebra el 21 de Enero.
    San Tarcisio: Fue un niño mártir que entregó su vida por defender de la profanación al Santísimo Sacramento. Corría el siglo III en Roma, cuando Tarcisio fue sorprendido por los paganos cuando llevaba la Eucaristía a los cristianos presos a causa de la fe. Fue golpeado hasta la muerte, sin que sus atacantes pudieran apropiarse del precioso tesoro que guardaba. Su día se recuerda el 15 de Agosto.

                                                                                                                                                                                                                        


13. Tus deberes

   Rezar por todas las Áreas, especialmente los días Jueves, en el que todos los miembros de la Áreas de Aspirantes de la Argentina nos reunimos en la Oración.
    Llevar con orgullo y alegría el distintivo de la Acción Católica Argentina, y procurar principalmente que tu comportamiento, tus obras y toda tu conducta estén de acuerdo con lo que él significa.
    Participar de las reuniones y actividades de la Sección
.
                                                                                                                                                                                                                        


14. Tu promesa

   Señor, hoy me presento con toda humildad y confianza en Ti. Quiero decirte que prometo seguir la Regla del Aspirante, para vivir cada día como mejor cristiano, preparándome así para ser un buen miembro de la Acción Católica, a la cual me llamaste a formar parte.
    Sé que soy débil; por eso quiero pedirle a nuestra Madre del Cielo, la Virgen María, que me lleve de su mano, para responder con generosidad a este llamado que Dios, Nuestro Padre, me hace.
    También invoco a los Santos, especialmente a Santa Inés/San Tarcisio para que me ayuden y me protejan. Gracias, Señor, por haberme elegido.